Julio 21, 2008...5:05 pm

SOLEDAD COMO LA AUYAMA

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Crecí pensando que las mujeres nacíamos para estar acompañadas, premisa que me hizo malgastar muchos años de mi vida. Nunca estuve sola. Fui tan dichosa como la auyama, de hecho nunca faltó un amor cercano para darme lo que fuese, besos, abrazos, mimos y hasta dolores de cabeza. Creía que no tenía la capacidad de estar sola, de ser una mujer felizmente soltera y con la madurez de esperar un amor. Siempre ame vivir en sociedad, nada de soledad. Incluso aceptaba parejas sólo para no estar sola, así viví dos décadas. Comprendí que vivir enamorada y acompañada era ser feliz, pero perdí de vista que no todas las parejas te hacen feliz, que no todas las elecciones son buenas y que muchas veces la prisa de elegir nos hace miserablemente infelices. Llevo un tiempo en mi plena compañía, sin la nostalgia de un amor, sin tener envidia a quienes están enamorados y sin la patología de necesitar un amor para existir.

 

Me encanta estar sola. He podido reflexionar, disfrutar mi silencio, respetar mis decisiones. Tengo un sentido pleno de la libertad. Hablo de soledad de compartir tu individualidad. Mi soledad no es sufrible es placentera. Creo que la comodidad que siento en mi soledad es una muestra de madurez y salud emocional. He encontrado equilibrio en mi vida. Soledad es encontrarte, enfrentarte y aceptarte.

 

 

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