Aquella noche no fue como las anteriores, unas ganas de sexo desesperado, de encotrar un amor a como de lugar, No, esa historia hacia mucho habia terminado. Acepte una invitación a cenar, él cocinaria para mi. No era un intelectual, pero era un genio en la cocina y una ricura en la cama. Supo aplacar mis ganas y hacerme el amor como pocos han sabido. Duramos tantas horas fundidos en nuestro encuentro que tenía ganas de que nunca acabara. Lo senti tan pendiente de cuidarme y acariciarme con ternura, que quede un poco marcada.
Cocinamos juntos; en la cocina se respiraba una quimica erotica fusionada con temor, junto a esa inseguridad que provoca un primer encuentro. El rosaba mi cuerpo al descuido como si no quisiera ir de prisa, sólo queria despertar mis instintos. En cuestiones de comida el se sabia muchas y yo apenas comenzaba el camino, desde ese momento creo que el amor sabe mejor cuando nace en una cocina.




2 comentarios
Septiembre 5, 2008 a las 12:50 am
qué buena historia…. o anécdota….. o cuento
te envidio
saludos!
Víctor Hugo
Septiembre 6, 2008 a las 3:35 pm
Wow…!
Como dijo Victor Hugo, K Envidia.