Él pretendía llegar otra vez como Colón, a conquistar lo que al parecer era de él. Ella parecía estar de acuerdo. Sólo pasaron unos días y el príncipe se convirtió en sapo, por segunda vez. Ese príncipe no tenia ningún encanto, pero su ego le hacia creerse y alimentarse como Narciso. Y ahí andaba por el mundo conquistando corazones.
Después del intento de conquista, ella se dio cuenta de que él no era más que un perfecto mitómano. Que un perverso vestido de moral. Que un mediocre con aires de grandeza. Que un macho imitando caballero. Ese mismo que ella creía por segundos un hombre y no llegaba ni a chambra.
Odio las mentiras, nunca han sido un hábito en mí. Prefiero las verdades claras aunque duelan, aunque me dañen, aunque terminen con toda una historia. Nunca he creído en la mitad de verdades al revés. Ahora entiendo mejor que aquellos que llevan el titulo de moralistas en la frente son más perversos que cualquier puta de burdel.




1 comentario
Noviembre 12, 2009 a las 4:12 pm
El k se apresura para hablar de su honrradez no es tan honrrado como dice ser